Cali-Casa Provincial

En 1980 las puertas de nuestra casa se abrieron de par en par, por inspiración de Dios a Sor María Emilia Echeverry, quien después de motivar a la comunidad, empezó a sembrar la semilla invitando a los vecinos a orar el santo rosario y a hacer la novena perpetua a la Virgen Milagrosa.

Al inicio fueron 4, 8, 12, la semilla empezó a germinar en el silencio, sutilmente como ocurre con las cosas de Dios… hasta colmar la capilla. Ella misma le dio el nombre de “LA CASA DE LA MADRE”.

-La casa de la Madre reúne y congrega a la comunidad local para la oración, la existencia cotidiana, el servicio. Es un manantial de gracias y un surtidor de oración y de bendiciones para la humanidad.

-La casa de la Madre acoge a niños, jóvenes, adultos, ancianos, familias, hombres, mujeres, ricos, pobres…

-La casa de la Madre se abre continuamente a la formación de las nuevas siervas de los pobres, de las nuevas generaciones venidas de diferentes partes de América Latina y el Caribe.

Ella la Virgen María congrega, anima, escucha, acompaña la alegría y la tristeza de sus hijos como lo hizo en las bodas de Caná y en pentecostés. Ella consuela y acompaña a quienes están al pie de la Cruz.

Ella pedagoga del evangelio, enseña, alienta la fe de sus hijos y señala el camino hacia su Hijo Jesús a quienes conduce.

La casa de la Madre, habla de reconciliación, de perdón, de conversión, de serenidad, de vida, de resurrección. 

La casa de la Madre tiene un encanto: aquí todo habla de Dios…en cada esquina, en cada rincón Dios se deleita pintando de colorido y belleza; esparciendo su aroma y generando un ambiente de paz, de alegría, de esperanza.

¡Es la armonía del amor! Es Dios entrando en cada corazón y haciéndolo nuevo, renovando lo que solo Él sabe hacer: amar y tener misericordia.

En las paredes de esta casa, en sus corredores, en la capilla, en sus patios, están los rostros de quienes frecuentan este espacio divino, a través de las súplicas, las acciones de gracias, la alabanza, la confianza.

Esta es la casa de la madre, donde se puede proclamar a cada instante: “Alabado seas mi Señor”.

Alabado seas mi Señor porque en esta casa a través del servicio, de la oración y del amor efectivo y afectivo, se puede evidenciar:

  1. La Experiencia de Dios que se hace oración, escucha de la palabra de Dios, Eucaristía, adoración personal y comunitaria.
  2. Alegría de formar comunidad, sentido de fiesta, de compartir, de acoger la diversidad, de recuperar las fuerzas para la misión.
  3. Disponibilidad de la capilla para la oración y encuentro con Dios, con la Madre cualquier día de la semana y especialmente los martes, llamados por la gente “Los martes de la Milagrosa”.
  4. Acogida, servicio, disposición del corazón y de los espacios físicos, para favorecer la realización de retiros, convivencias, encuentros formativos de la comunidad, a nivel inter-congregacional y de los grupos de la familia vicentina.
  5. Atención directa e indirecta a los más necesitados, descubriendo en ellos la presencia y el rostro de Jesucristo. Solidaridad con ellos y sus familias a través de servicios como: Apoyo estudiantil y Acompañamiento psico-espiritual la milagrosa. Entre otros.

¡Esta es la casa de la Madre! Aquí ella te espera para conducirte a Jesús y para revelarte la experiencia más maravillosa del amor.

Aquí siempre serás Bienvenido y una vez dentro, siempre querrás volver. 

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