SANTA CATALINA LABOURE

Conocer cada vez más a Santa Catalina, nos permite conocer mejor el mensaje de la Santísima Virgen a la Compañía y a cada una de nostras. La vida de Santa Catalina la conocemos, por eso sólo vamos a hacer algunas pinceladas sobre ese aspecto y luego nos vamos a centrar en las experiencias espirituales que ella vivió y en las enseñanzas que ella nos deja.  Celebrar  el aniversario de las apariciones es un acontecimiento y San Vicente nos dice que Dios nos habla por medio de  ellos.

Nació Catalina el 2 de mayo de 1806, en una familia profundamente cristiana. En 1815 murió su madre y en ese momento Catalina toma a la Sma Virgen como su madre. Cuando  tenía apenas 12 años, su hermana mayor María Luisa deja el hogar para ingresar a la Comunidad; entonces  Catalina,  con  una madurez y fortaleza extraordinarias, dice a su hermanita pequeña, “nosotras  nos haremos cargo de la granja”  A causa de ese trabajo, solo a los  18 años  pudo ir a la escuela, en un pensionado en Chatillón. Allí en casa de las Hermanas vio un cuadro de San Vicente y reconoció  al que había visto en un sueño, entonces comprendió que Dios la llamaba a seguirle.

Su proyecto encontró una fuerte oposición en su padre y por eso tuvo qué esperar. A la edad de 24 años lo logró, y en 1830 llegó a la casa Madre en París para iniciar su Seminario.; allí en el silencio y la oración cultivó su amor a Jesús y a su Madre Santísima .Todas conocemos las gracias extraordinarias con las que fue favorecida durante su  seminario; esas gracias fueron una luz en su camino y una fuerza en su ser de Hija de permaneció por espacio de 46  años ; murió el 3l de diciembre de 1876 a la edad de 70 años.

El testimonio de vida de Santa Catalina, no se reduce solo  a  los acontecimientos de 1830,, es a través de su vida como el Señor nos habla; esa vida entregada por completo al amor.  Ella se santificó en lo “cotidiano”, no hizo cosas extraordinarias, su santidad la fue tejiendo día a día en un servicio humilde, sencillo, generoso; con esto nos enseña que la santidad es posible.  Nosotras también podemos y debemos escuchar al  Señor que nos habla cada día en la oración y descubrir allí ese amor ,que  da sentido  a  los deberes  de cada  día,  a lo que parece  pequeño, a lo repetitivo ,para descubrir allí la presencia de Dios. Lo pequeño puede ser pequeño, pero  se vuelve grande cuando se hace con un  amor .

Las experiencias espirituales que vivió Catalina en sus encuentros con María, son una verdadera historia de  AMOR. Fue allí a los pies de María donde aprendió a vivirlo, para poderlo dar a los demás. Cada mañana escuchemos como Catalina la invitación de María: VENID AL PIE DE ESTE ALTAR”, jamás comprenderemos  la grandeza de esta invitación que Ella nos hace.

La vida de Santa Catalina fue una vida sencilla, ejemplar, sin ruido. Las personas sencillas no tienen historias, su vida fue una sucesión de hechos sin relieve;  y sin embargo vivió en su vida , los misterios de Jesús. Leamos  brevemente esos misterios:

MISTERIOS GOZOSOS.  Su nacimiento en una familia cristiana donde había mucho afecto. El tierno amor de su padre que encontró en ella  consuelo y apoyo en su viudez .Gozo de su primera Comunión en donde inició el contacto con Jesús., contacto que fue creciendo cada día. El llamamiento de Dios a seguirle. El ingreso a la Comunidad y la gracia de   poder celebrar, en los comienzos de su vocación, la fiesta de la traslación de las reliquias de San Vicente. Gozo de verse convertida en la humilde sierva de los pobres.

MISTERIOS DOLOROSOS. La pérdida de su madre cuando apenas tenía 9 años. La separación de su padre y hermanos para ir a servir en el Restaurante de su hermano en París, en  donde encontró un ambiente mundano que la martirizaba. El rechazo de su padre a su primer intento de ingreso a la Comunidad. La muerte de su padre  solo  en su última enfermedad. La incomprensión y falta de credibilidad por parte de su Director espiritual  el Padre Aladel , al confiarle el secreto de las apariciones. Su sufrimiento al ver  pasar  el tiempo sin que el deseo de la Virgen  se  cumpliera. La severidad por parte de su Hermana Sirviente que se mostraba dura y exigente con ella.

MISTERIOS GLORIOSOS. Los 2 encuentros privilegiados con la Santísima Virgen que la llevaron a decir: “Allí pasé los momentos más felices de mi vida”. Las revelaciones del corazón de San Vicente.  El regreso a la Comunidad de su hermana María Luisa, que se había retirado. La alegría profunda de ver cómo se difundía la medalla y los prodigios que hacía .Una paz y gozo profundo al ver logrado su deseo de que se hiciera la imagen de la Virgen del globo, como ella lo había visto el 27 de noviembre.

Uno de los aspectos impresionantes de la vida de Catalina, fue su firme voluntad, que le ayudó a sostenerse  en medio de dudas e incomprensiones. Fue tenaz, oró,  no se desanimó, insistió y una vez que logró convencer al Padre Aladel, entró  en un ambiente de oscuridad y silencio , hasta el final de sus días.  San Vicente nos dice: “Para imitar la humildad de Jesús hay que amar la vida oculta, porque la humildad es el medio para descentrarnos de nosotros mismos y volvernos a Dios”. Eso para ella no fue fácil, porque fueron muchas las tentativas que se hicieron para arrancarle su secreto.  Y bien sabemos que fue solo después de su muerte cuando se supo que ella era la vidente de María. Este ejemplo de Catalina nos enseña que no hay conversión posible sin fuerza de voluntad. Cuántas veces nuestras mejores resoluciones se  quedan en simples deseos que luego se olvidan. En Catalina  vemos que el amor es más fuerte que  nuestras debilidades, por eso, como ella ,           tenemos que mantenernos en la escuela de María, para forjar allí grandes y nobles ideales y ser coherentes con lo que deseamos.

Querer el tomar en serio nuestro compromiso con Cristo, con el evangelio, con los pobres.

Querer  es saber quiénes somos, qué deseamos a donde queremos llegar, ser auténticas. Tener grandes y nobles ideales.

Querer es saber afrontar con serenidad, paz y confianza, como Santa Catalina, los problemas, las dificultades y sufrimientos de cada día.

Querer es saber que todo es posible con la ayuda de Dios, que nunca nos falta.

En Santa Catalina  la Iglesia no ha canonizado la vidente, sino la auténtica Hija de la Caridad. Una Hija de la caridad que  consumió la vida en el amor a Cristo y a los hermanos. No podemos dudar que los privilegios que recibió le ayudaron a caminar a pasos agigantados  en ese camino de santidad; toda su mística fue caminar sobre los pasos de Jesús servidor y  bajo  la protección de María, la  sierva humilde de los designios de Dios. Es una humilde Hija de la Caridad a quien Dios escogió para trasmitir al mundo el mensaje de María por medio de su medalla; esa es la pedagogía de Dios que siempre escoge para sus mejores gracias a personas humildes y sencillas. El mismo decía: “Te alabo Padre porque has ocultado esas cosas a los sabio y a los grandes y las has revelado a los humildes y sencillos”.  Santa Catalina era un alma pura, humilde y sensible a las cosas de Dios.

A su muerte, su cuerpo fue enterrado allí mismo en Reully. Durante  su vida ninguno de sus contemporáneos  vio nada extraordinario en ella; en cambio  la Iglesia, reconoció su santidad 70 años después de su muerte. En 1936 fue exhumado su cuerpo que  había estado  en esa cripta durante  56 años, la expectativa era grande, ante lo que se podía encontrar  y para sorpresa de todos se encontró intacto, las manos que tuvieron el privilegio de  estar sobre las rodillas de la Santísima Virgen , presentaban la frescura de la carne y estaban blancas.  El reconocimiento de las reliquias en presencia del Cardenal Verdier se hizo el 22 en la Casa  Madre ; los médicos legistas observaron que el cuerpo estaba flexible. No había duda, aquellas reliquias eran las de una Santa. Fue trasladado a la Capilla de la Casa Madre. El 27 de julio de 1947, el Papa Pío XII, la proclamó Santa en la Basílica de San Pedro en Roma, y al canonizarla la bautizó:” LA SANTA   DEL SILENCIO”

Ella como la Santísima Virgen podía decir:”Dios ha mirado la pequeñez de su sierva”. Estaba convencida de ello, lo expresó con esas palabras:” Yo no he sido más que un instrumento; no es por mí por lo que la Virgen ha venido, si Ella me escogió a mí ,que no sé nada, es para que no se pueda dudar de su mensaje”.

LECCIONES QUE PODEMOS SACAR DE SU VIDA.  Catalina  es un dechado de virtudes, Dios nos ha dado en ella el verdadero modelo de la Hija de la Caridad. Toda su vida permaneció en la escuela de María y fue allí donde  germinaron en su alma todas las virtudes .Veamos algunas:

LA ORACIÓN. Al pie del sagrario, como se lo dijo  la Santísima Virgen, encontró la fuerza y la luz que necesitó durante toda su vida. En medios de sus duras jornadas con los ancianos y los pobres,  pasaba  largos momentos  de oración.

HUMILDAD Y SENCILLEZ. Con las manos juntas, sobre las rodillas de la Virgen,  aprendió la humildad y la sencillez de la sierva de los pobres. Para ella, los acontecimientos de  1830 no fueron nunca un privilegio, sino una misión, por eso permaneció oculta y silenciosa, sin hacer  alarde jamás de los privilegios  con los que había sido favorecida.

SILENCIO. Un silencio cargado de amor y de contemplación. UN secreto guardado con grandes dificultades e incomprensiones, el secreto de SU REINA.  Silenciosa y recogida, consumió su vida, como un cirio que se consume en el altar al pie del Santísimo.

Terminemos estas reflexiones, meditando sobre lo que era la oración en Santa Catalina,  solo una oración de ella se ha conservado. Es un maravilloso ejemplo de la forma como debemos dirigirnos a Dios.” Cuando yo voy a la Capilla , me pongo en la presencia del Buen Dios y le digo:”Señor,  heme aquí, dame lo que Tú quieras” . Si El me da alguna cosa, me pongo muy contenta y se lo agradezco. Si no me da nada, también se lo agradezco, porque yo no merezco nada. Después le cuento todo lo que me viene al espíritu, le digo mis penas y mis alegrías y luego lo escucho.”

Digámosle a la Santísima Virgen que así como ayudó a Santa Catalina a vivir en ese clima de Dios, nos ayude también a nosotros en medio de nuestra vida agitada y a veces  superficial ,a imitarla, a detenernos para  dar lugar al silencio, a la reflexión y la oración, a dejar espacios para   Dios, para vaciarnos de nosotras mismas y penetrarnos del espíritu de las Bienaventuranzas. Así, en la escuela de María seremos verdaderas imitadoras  de este modelo de Hija de la Caridad, que Dios ha puesto ante nuestros ojos, y que es un verdadero tesoro de la Compañía.

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