PEDRO RENATO ROGUE

Nació el 11 de junio de 1759 en Vannes, una pequeña población francesa donde había un maravilloso ambiente religioso, existían varias Comunidades tanto de hombres como de mujeres y tenía 4 Parroquias; sus padres eran pequeños comerciantes y Pedro Renato fue su único hijo. El padre no llegó a conocer a su hijo, porque nació cuando estaba ausente y murió en el transcurso del viaje. Correspondió entonces a su madre la crianza y educación de Pedro Renato, ella con el deseo de una buena formación lo confió al Colegio que había cerca y que estaba dirigido por los Padres Jesuitas. Allí realizó sus estudios de humanidades que terminó a los 17 años.
Terminados estos estudios se tomó un año en la casa de su madre para discernir la orientación de su vida y en el año 1776 ingresó al Seminario de Vannes regido por los Sacerdotes de la Congregación de la Misión; durante 6 años hizo sus estudios de teología y Sagrada Escritura, los cuatro primeros años externo y los dos últimos interno. Recibió las órdenes menores y el subdiaconado de manos del Obispo Diocesano y luego fue ordenado el 21 de septiembre de 1782.
Una vez ordenado el Obispo le confió la Capellanía del “Retiro de mujeres” una casa dedicada a retiros espirituales, allí ejerció muy bien su ministerio, pero el recuerdo de la vida que llevaban los Misioneros en el Seminario y el conocimiento que adquirió de San Vicente lo acompañaban, entonces , empezó a sentir que Dios lo llamaba a la evangelización de los pobres ; esa llamada suponía dejar la Capellanía, dejar sus tierra natal, su madre y ponerse en total disponibilidad para sr enviado donde la Iglesia y los pobres lo necesitaran. Bien consciente de todas estas exigencias, dio el paso y fue admitido en la Congregación de la Misión el 25 de enero de 1786.
En el Seminario de Vannes donde había estudiado, necesitaban un Profesor de teología dogmática y el Superior General lo envió a trabajar allí. Volvió entonces a su tierra natal a comienzos de año 1787 para alegría de su madre, de los Padres y de la gente que lo conocía. Uno de sus contemporáneos lo describe así: “El cielo lo había dotado de inocencia y santidad, un espíritu justo, alegre y servicial, irradiaba paz y serenidad; en el Seminario todos lo apreciaban y muchas personas piadosas lo buscaban como Director Espiritual.” El 26 de octubre de 1788 pronunció los votos que se hacen en la Congregación de la Misión.
Pero el ambiente político en Francia estaba nublado; el 12 de julio de 1790, la Asamblea Constituyente votó la Constitución civil del claro que fue sancionada por el Rey Luis XVI . Los Sacerdotes de Vannes dedicaron varios días a estudiarla y llegaron la conclusión de que el Estado no tenía derecho a modificar la Constitución de la Iglesia Católica y que por tanto aceptarla ,era aceptar que el Papa ya no era la cabeza visible de la Iglesia , que se convertiría en una Iglesia nacional. El 27 de noviembre urgieron a todos los eclesiásticos, Obispo, Rector del Seminario, profesores y alumnos a prestar el juramento.
El Obispo de Vannes se negó a jurar, lo expulsaron y saquearon su casa, lo mismo el Superior del Seminario a quien le confiscó todos sus bienes; los Seminaristas tuvieron que dispersarse. Fueron varios meses de una gran turbación e inseguridad. El Papa Pío VI publicó el 20 de marzo de 1791 un Decreto condenando la Constitución. El 2 de enero los Sacerdotes de la misión fueron brutalmente expulsados del Seminario , Pedro Renato se refugió en la casa de su madre donde gozó durante algunos meses de una cierta libertad; pero el 6 de abril de 1792 se dictó el Decreto suprimiendo todos los Institutos y Congregaciones Religiosas ; por tanto a los Sacerdotes no les quedaba más que dos caminos : o salir de Francia o permanecer en el país como enemigos de la nación. Pedro Renato escogió el camino de la fidelidad a su vocación y a su pueblo; entonces empezó a ejercer su ministerio clandestinamente sobre todo de noche, cambiaba frecuentemente de domicilio y se ocultaba en casas de personas amigas y de confianza; en la casa donde se ocultaba celebraba la Eucaristía con pequeños grupos de fieles, administraba los sacramentos y visitaba a los enfermos.
En el año 1794 fue la muerte de Robespierre uno de los más feroces dirigentes de la Revolución, entonces se abrió un período de relativa tolerancia; ya Pedro podía andar libremente, atender a los que acudían a él, celebrarla Eucaristía pero en las casas porque las Iglesias se habían convertido en oficinas atendidas por Sacerdotes que habían prestado el juramento. La calma no duró mucho, el 29 de septiembre de 1795 se inicia nuevamente la persecución con expulsión y muerte de los sacerdotes que se negaran a prestar el juramento. El Padre Pedro se ve obligado a volver a las catacumbas.
Había entre los jefes de la revolución uno llamado Le Meut que deseaba ardientemente capturar al Padre Pedro por la simpatía y el aprecio de que gozaba que en la población; ese hombre inclusive había recibido una generosa ayuda de la madre del Padre Pedro Renato, cuando él y su hija estuvieron en una grave necesidad. El 24 de diciembre de 1795 el Padre Pedro Salió en la noche a distribuir la comunión a los enfermos , lo acompañaba un amigo; cuando iban por la calle se dio cuenta que los estaban siguiendo, le dijo entonces a su amigo que se alejara para no correr peligro , al Padre lo cogieron y lo llevaron a la oficina de Le Meut que al verlo gritó: Ciudadanos, en sus manos ponemos a este curita, guárdenlo.”
Al ver que su vida corría peligro el Padre Roge se apartó un poco, se puso de rodillas y consumió las hostias que llevaba para evitar una profanación, luego llegaron los guardias, le ataron las manos y lo condujeron a la cárcel; allí encontró muchos sacerdotes y cristianos, su llegada fue para ellos como un regalo porque se convirtió en su poyo y consuelo. Al conocerse la noticia la ciudad se llenó de consternación; una persona ofreció dinero a los carceleros para que dejaran escapar al Padre Pedro, pero él se negó para evitar represiones más fuertes.
El día de Navidad empezó para e Padre la última etapa de su Ministerio Sacerdotal, no podía celebrar la Eucaristía, pero sí dedicarse a la oración y al servicio de los demás con una íntima alegría y serenidad para sostener y ayudar a los demás. Los 69 días que pasó en la prisión fueron encendiendo en él el deseo del Martirio. El 2 de marzo fue conducido al tribunal; una vez pronunciada la sentencia de muerte, se puso de rodillas y exclamó: “Te doy gracias Dios mío por haberme juzgado digno de morir por la fe, en tus manos entrego mi vida.”
Las pocas horas de vida que le restaban las empleó para escribir a su madre y a sus hermanos Sacerdotes; en la carta a su madre la anima a unirse a su sacrificio pensando que un día se reunirán en el cielo. A las tres de la tarde lo sacaron de la prisión con otros compañeros a la plaza de mercado donde debía ser guillotinado. Al llegar, ve a Le Meut al pie de la guillotina, le dirigió un sonrisa de perdón y le dijo:”No tengo nada para ofrecerte más que este reloj, te lo doy.” Una gran muchedumbre lo acompañaba en silencio, uno de sus verdugos al reconocer al Padre que le enseñó el catecismo vaciló, entonces el Padre Pedro le dijo con energía: “Amigo mío cumple con tu deber.,” luego elevó los ojos al cielo y exclamó con vos fuerte: “En tus manos Señor encomiendo mi espíritu; luego se inclinó y la guillotina le cortó la cabeza. Muchos de los presentes se acercaron a empapar sus pañuelos en la sangre del mártir, convencidos de que era un santo.
Esa misma tarde los cuerpos del Padre y demás ajusticiados fueron sepultados en una fosa común. Cuando volvió un poco la calma, la Señora Roge hizo colocar una cruz sobre la tumba de su hijo. En 1908 el Obispo de Vannes y el Superior General que era el Padre Fiat nombraron una comisión para iniciar el proceso de Beatificación y el 10 de mayo de 1934 el Papa Pío XI lo inscribió en el catálogo de los Beatos.
Fue el santo de la fidelidad a su fe y su adhesión a la Iglesia, un servidor fiel de los pobres, el creyente valiente que supo mantener su fe a pesar de la persecución. Conoció a Cristo desde sus primeros años y fue agudizando su amistad con Él durante toda su vida .Es un reto para nuestra vida, nos urge a: Ser fieles a Jesucristo, sin temor a la persecución y al martirio, a dar testimonio de nuestra fe por medio de las obras en bien de los pobres., amar y servir a la Iglesia, una Iglesia de comunión, una Iglesia servidora. Que su fidelidad nos anime a vivir nuestra vida cristiana y nuestra entrega a Cristo, como él la vivió.

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