Liturgia

La sed de Dios es el punto vital  alrededor del cual gira la vida humana; esa necesidad de Dios, la experimentamos   todos, aún los que no creen, porque  sienten la necesidad de algo trascendente que dé sentido a la vida.  San Agustín decía: “Nos hiciste  Señor para Ti, y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en Ti.”  Y el  Papa Benedicto XVI dijo: “ Sin Dios, el hombre no sabe, ni quien es él, ni a donde  debe ir.” La fe es  Dios que nos habla al oído, es Dios que nos dice quién es El, es Dios que se convierte en Maestro.

La Iglesia nació  de la palabra   que es vida, que es luz, que es fuerza creadora. Para escuchar esa palabra hay que creer, porque entre fe y  palabra hay un vínculo muy estrecho.  Esa palabra de Dios en la Escritura hay que escucharla bajo la acción del Espíritu Santo, que es el que hace posible una interpretación  correcta;  por eso, al leer y meditar la palabra de Dios, hay que tener cuidado  para escucharla bien  y para interpretarla como ella es.Dios nos habla  y esa palabra de Dios la encontramos en el Antiguo y Nuevo Testamento.

 La palabra de Dios es dialogante, porque Dios nos habla y se relaciona con nosotros, se involucra en nuestra vida; El está en nuestra viday en nuestra historia personal. por eso es necesario que también nosotros dialoguemos con El, que le hagamos partícipe de  nuestra vida, de nuestros anhelos  y proyectos,  de  nuestras preocupaciones y esperanzas;  de ahí la imperiosa necesidad de la Oración.

No podemos  olvidar que el primer campo de apostolado somos nosotras mismas, nos tenemos qué evangelizar, penetrar de la doctrina de Jesús, para poder evangelizar a los  demás.

No hay nada más  grande y valioso en nuestra vida que  dejarnos alcanzar por Cristo y por su palabra, en ella aprendemos a amar a Dios y a los hermanos; por eso  la oración no es cuestión de métodos o de palabras, sino cuestión de FE y de AMOR.

San Vicente recomendaba a nuestras primeras Hermanas: “Hagan recaer su oración en resoluciones concretas sobre las acciones del día, para mejor honrar a Nuestro Señor,  tengan el cuidado de recordarlas a lo largo del día y propónganse  una práctica conforme a los afectos que Dios les haya inspirado en la oración.  Una oración sin resoluciones prácticas, no produce efecto ; se reconoce a la que ha hecho bien su oración, por su comportamiento.”

San Vicente nos insiste continuamente sobre la necesidad de la oración, con  frases como éstas:

La oración,  es una predicación que nos hacemos a nosotros mismos, para convencernos de la necesidad que tenemos de  su gracia.”   Una H.C. no puede persever,  si no hace oración.

La oración es el alimento del alma, es el riego que fertiliza nuestra vida. Es como el maná que baja cada día del cielo. Etc. Paracultivar el espíritu de oración, San Vicent e estableció, desde los comienzos, tanto en la C.M. como con las H.C. la costumbre de leer antes de acostarnos el Evangelio,  con el fin de que, en el silencio de la noche, es palabra  de Dios, penetre, aún en nuestro inconsciente. Así al levantarnos nuestro  primer pensamiento será también para Dios.

El Padre Lloret, en una de sus alocuciones, hablando de esta costumbre dijo:  Qué nos diría hoy San Vicente, en este siglo de las comunicaciones, donde a algunos les resulta normal, acostarse, con la última imagen de la televisión y levantarse, con  la primera  noticia de la radio, sin tiempo para ofrecer   siquiera el día al Señor  ? Y añadía:  Un gracias por el día que termina,  un gracias por el descanso  de la noche y un ofrecimiento  del nuevo  día,  santifican nuestras jornadas.

 En el diálogo con Dios encontramos sentido y respuesta a todas nuestras  inquietudes, porque solo Dios puede responder a lo que hay en el corazón humano.  Por eso, los salmos nos ofrecen las palabras  con las  cuales  tenemos que dirigirnos al Señor.

San Vicente nos insiste continuamente sobre la necesidad de la oración, con  frases como éstas:

La oración,  es una predicación que nos hacemos a nosotros mismos, para convencernos de la necesidad que tenemos de  su gracia.”   Una H.C. no puede persever,  si no hace oración.

La oración es el alimento del alma, es el riego que fertiliza nuestra vida. Es como el maná que baja cada día del cielo. Etc. Paracultivar el espíritu de oración, San Vicent e estableció, desde los comienzos, tanto en la C.M. como con las H.C. la costumbre de leer antes de acostarnos el Evangelio,  con el fin de que, en el silencio de la noche, es palabra  de Dios, penetre, aún en nuestro inconsciente. Así al levantarnos nuestro  primer pensamiento será también para Dios.

San Vicente nos insiste continuamente sobre la necesidad de la oración, con  frases como éstas:

La oración,  es una predicación que nos hacemos a nosotros mismos, para convencernos de la necesidad que tenemos de  su gracia.”   Una H.C. no puede persever,  si no hace oración.

La oración es el alimento del alma, es el riego que fertiliza nuestra vida. Es como el maná que baja cada día del cielo. Etc. Paracultivar el espíritu de oración, San Vicent e estableció, desde los comienzos, tanto en la C.M. como con las H.C. la costumbre de leer antes de acostarnos el Evangelio,  con el fin de que, en el silencio de la noche, es palabra  de Dios, penetre, aún en nuestro inconsciente. Así al levantarnos nuestro  primer pensamiento será también para Dios.

 

El Padre Lloret, en una de sus alocuciones, hablando de esta costumbre dijo:  Qué nos diría hoy San Vicente, en este siglo de las comunicaciones, donde a algunos les resulta normal, acostarse, con la última imagen de la televisión y levantarse, con  la primera  noticia de la radio, sin tiempo para ofrecer   siquiera el día al Señor  ? Y añadía:  Un gracias por el día que termina,  un gracias por el descanso  de la noche y un ofrecimiento  del nuevo  día,  santifican nuestras jornadas.

 En el diálogo con Dios encontramos sentido y respuesta a todas nuestras  inquietudes, porque solo Dios puede responder a lo que hay en el corazón humano.  Por eso, los salmos nos ofrecen las palabras  con las  cuales  tenemos que dirigirnos al Señor.

 En la “VERBUM DOMINI” , EL Papa Benedicto nos dice que, en los  Salmos hay una gama de sentimientos que el hombre experimenta en  su existencia y que , por eso, en ellos hay expresiones de gozo, de dolor, de angustia, de temor y de esperanza, como también de júbilo, de alabanza, de victoria y de confianza.

San Pablo, en la carta a los Romanos nos dice que no sabemos orar ,pero que el Espíritu Santo que se nos ha dado, ora en nosotros y con nosotros. Estas palabras del Apóstol nos dicen que es el Espíritu Santo el que pone en nuestros labios las palabras con las cuales debemos orar. Por eso, hay que entrar interiormente en lo que decimos ,para que no  sean solo palabras, sino una verdadera  oración. El Papa nos dice que la palabra de Dios se dirige a cada uno de nosotros y que es la que construye nuestra vida.

En la Verbum Domini, el Papa  Benedicto XVI dice: “El Espíritu Santo, en virtud del cual se ha escrito la Biblia, es el mismo que ha iluminado con  luz nueva, la palabra de Dios en los Fundadores y  Fundadoras. De ella ha brotado cada carisma y de ella quiere ser expresión toda regla, dando origen a estilos de vida cristiana, marcados por la radicalidad Evangélica”.  Estas palabras del Papa,  nos dice que cuanto más avancemos en nuestra relación con el Señor por medio de su palabra, mejor comprenderemos y viviremos nuestra vocación ”.Además , el Papa nos recuerda la relación estrecha que hay entre la Biblia y el catecismo de la Iglesia Católica. La Sagrada escritura como palabra de Dios inspirada por el Espíritu Santo y el Catecismo como expresión  actual de la tradición viva de la Iglesia.

Entre las formas de oración que exalta  la Iglesia, está la Liturgia de las horas.  Los Padres Sinodales afirmaron que, constituye  una forma privilegiada  de escuchar la palabra de Dios, porque  nos pone en contacto con  la Sagrada Escritura y con  la tradición viva de la Iglesia. En la VERBUM  DOMINI  leemos:  “En la liturgia de las Horas, como oración  pública de la Iglesia,, se  manifiesta el ideal  cristiano de santificar  el día, al compas  de la  escucha  de la  palabra de Dios y la recitación  de  los Salmos , de manera que toda  actividad,  tenga  su punto de referencia  en la alabanza a Dios.  (V.D. 62 )Y en ese mismo artículo, el Papa  Benedicto dice:  “Aliento  a las Comunidades de vida consagrada a que sean ejemplares en la celebración de la Liturgia de las Horas, de manera  que puedan ser un punto de referencia e inspiración para su vida espiritual y apostólica.”

La Liturgia de  las horas es la oración  oficial  de  la  Iglesia que, alabando a Dios e interesándose por los hombres, prolonga aquí  en la tierra  la Misión Sacerdotal de  Cristo.  El Papa Pablo VI, en la Constitución sobre la Sagrada Liturgia dice: “   Cristo está siempre presente en la Iglesia, pero de una manera particular en la Sagrada Liturgia, en la Eucaristía, en los Sacramentos, en su palabra y en los Salmos ; porque  El mismo prometió estar allí  donde dos o tres se reunen en su nombre.”

El Oficio  Divino une la oración de Cristo, y la de aquellos que El ha hecho miembros de la Iglesia por el Bautismo ; por eso, esa oración  eclesial tiene un valor superior al que puede tener cualquier tipo de oración personal.  Al orar los Salmos , en cierta manera  prestamos a Cristo nuestro corazón y nuestros labios, para que El continúe alabando al Padre, así no somos nosotros los que oramos, es Cristo que ora en nosotros  y ora no solo en determinado momento sino siempre, concediéndonos el verdadero espíritu de oración que no es un espacio de tiempo, sin que es toda una vida.

Los Salmos nacieron hace más de 2000 años, en una época histórica diferente a la nuestra.  La colección de los Salmos ha sido desde los comienzos de la Iglesia, su oración preferida; ningún libro ha sido traducido en tantos idiomas como lo Salmos.  Esto, sencillamente porque es una oración inspirada, es decir que Dios es el autor, aunque hayan sido escritos  por personas diferentes.  Lo más seguro es que Jesús  rezaba los salmos, como era costumbre en el pueblo judío , nos lo confirman las palabras mismas de Jesús cuando dice a los Apóstoles: “  Es preciso que se cumpla lo que está escrito de Mi en la ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos”.

Para una mejor comprensión de los Salmos hay qué  entenderlos y orarlos 1º.,  situándonos en el contexto histórico de la época y del pueblo judío;  2º.  orarlos con Jesús, con un sentido estrictamente evangélico ; el Evangelio está lleno de pensamientos de Jesús  y  3º.  orarlos situándonos en nuestro tiempo, con nuestra vida, nuestras circunstancias particulares, nuestros sentimientos, preocupaciones,  proyectos , alegrías y responsabilidades, 4º.  Orarlos lentamente, sin precipitación, para poder asimilar su contenido.

Si los Salmos tienen toda esa riqueza, por qué no hacer de vez en cuando oración sobre ellos ?  esa sería una forma  buena de  meditación y la manera de valorizar el Breviario ; nada mejor que una oración así, para proyectarnos a Dios y a los hermanos. 

En todas las celebraciones litúrgicas, sea la Eucaristía, sea la Liturgia de las Horas, el silencio debe ocupar un puesto preferencial. La palabra de Dios solo puede ser  proclamada y escuchada en el silencio, tanto interior como exterior. La palabra de Dios y los grandes  Misterios de Cristo y  de la Iglesia está  íntimamente unidos al silencio, es la única forma de que encuentren  eco en  nuestro  corazón, como  ocurrió con la Sma Virgen , mujer del silencio y de la escucha. Hay que escuchar en silencio al Señor, una sola palabra suya vale más que todas las palabras humanas;  y como nos lo dice San Vicente:” Una sola palabra del evangelio nos puede convertir.

 Esos  espacios de silencio deben formar parte de nuestras celebraciones, por eso hay que tenerlos en cuenta y programarlos al preparar  la liturgia.. Ese silencio  es absolutamente  necesario por ejemplo:  Después de la Comunión , para tener la oportunidad de adorar a Dios en nuestro corazón y hablar con  El  ; si todo el tiempo estamos cantando , no hay lugar para esa  adoración y ese diálogo con el Señor que acabamos de recibir en nuestro corazón ; por eso el canto no debe  prolongarse,  cantar un momento y luego hacer silencio..  Lo mismo podemos decir de los Salmos y de la lectura del Santo Evangelio, no basta  proclamarlos, hay qué interiorizarlos y para eso es necesario el silencio, de otra manera no  son oración.

De todo esto que hemos dicho, podemos sacar algunas conclusiones prácticas, entre ellas:

1º.  Hay qué estudiar los Salmos para poder comprender la riqueza de su contenido y el  sentido que tiene cada uno ,leerlos en particular, meditarlos.

2º.  Se debe procurar la participación de toda la Asamblea, no es bueno que sea una sola persona la que   proclama todo,  mientras más participación haya  en toda celebración,  mucho mejor;  el Oficio Divino es una oración de carácter comunitario..

3º. Tener  presente en el corazón la persona de Cristo, porque en los Salmos hay una verdadera historia de Jesús y de su palabra ; por eso es  bueno pensar  continuamente en El, buscar su rostro, hacer nuestras sus palabras, meditar en sus gestos y actitudes etc.

4º.  No perder de vista el valor comunitario ; nos reunimos en nombre  de  Cristo y cuando estamos reunidas, allí está el Señor  orando con  nosotras. No es lo mismo orar en particular, que orar en Comunidad. “Donde dos o tres se reunen en mi nombre, ahí estoy yo”.

5º. Ser creativas en  la oración , buscar una auténtica renovación para evitar la rutina, buscar nuevas expresiones, haciendo  nuestras  celebraciones litúrgicas  cada vez más  bellas, fervorosas  y atractivas , como dice el Papa Francisco.

6º. En la celebración de las horas,  hay qué seguir el esquema  que ellas nos presenta.  No se pueden cambiar los salmos según el capricho de cada uno . Para iniciar, no  es necesario hacer una larga  exhortación, como si fuera una meditación, o una lectura.  Basta que la persona encargada haga una breve invitación a la Asamblea, para unirse, bien sea a determinada intención, o a una fiesta litúrgica del día. o a un acontecimiento etc.

Otra forma excepcional de nuestra vida de piedad es la celebración Eucarística. En ella Jesús nos dice: “Haced esto en memoria mía”  Hacer memoria no es repetir, por el contrario es  renovar un acontecimiento; por eso la Eucaristía no es un rito simplemente , ni una celebración litúrgica como otras ;  La Eucaristía es una vida, la vida de Cristo y por eso la íntima unión que existe entre la liturgia de la palabra y la liturgia  de la Eucaristía.  San Pablo, en la carta a los Corintios nos dice: “ Celebramos la Eucaristía, para  hacer memoria del amor de Jesucristo por nosotros  y de nuestro amor por El.” El  Concilio Vaticano II hizó énfasis  en los dos elementos  constitutivos de la celebración Eucarística, a saber:  La Liturgia de la palabra y la  liturgia de la Eucaristía, los cuales  debe ir íntimamente unidos  .En la liturgia de la palabra Jesús nos alimenta con su doctrina , en la liturgia de la Eucaristía Jesús se inmola y se hace nuestro alimento.

En la Verbum Domini, el Papa  Benedicto nos dice, hablando de los discípulos de Emaús: “  Jesús, primero con sus palabra y después con el gesto de partir el pan, hizo posible que los discípulos lo reconocieran y que pudiera revivir todo lo que  habían aprendido y experimentado con El. Es allí, en la Eucaristía donde alimentamos nuestra vida y nuestra vocación; por eso las Constituciones nos dicen: “La Eucaristía es el centro de nuestra vida y de nuestra misión, encuentro esencial de cada día con Cristo y  con los hermanos.”Eucaristía a la que debemos dar también un  gran valor  celebrandola comunitariamente.  Ella reune,  cohesiona,  cimenta  y  fortalece la Comunida y la fraternidad.

El libro de los hechos de los Apóstoles, resalta la vinculación estrecha que existe entre la Eucaristía y la Comunidad: “Los que  se reunían para celebrar la fracción del pan , tenían un solo corazón y una sola alma y compartían sus bienes.” La comunión con Cristo, cabeza de la Iglesia, requiere comuniuón con los miembros que forman el cuerpo de la Iglesia.  La Eucaristía  construye, fomenta y dinamiza la Comunidad.  Las Constituciones nos dicen que la Comunidad obtiene su fuerza, en una fe compartida  en la Eucaristía y en la alabanza Divina. Todo ´esto nos recuerda que no es lo mismo celebrar la Eucaristía  fuera de la Comunidad, que con ella.

Celebrar la Eucaristía diariamente es una gacia muy grande, pero  puede ser también el peligro de  la rutina, por eso tenemos qué estar alertas y sobre todo comprender cada uno de los movimientos del Sacerdote  y unirnos espiritualmente a él, con la convicción de que no es él solo el que celebra, sino que somos todos .No asistimos a la Eucarisatía , la celebramos. El Padre Quintano, antiguo Director General, en una de sus conferencias, insiste en la necesidad de  conocer bien cada uno de los momentos de la Eucaristía, para valorarla y vivirla con fervor.  En la Conferencia  del 31 de julio de 1634 San Vicente  dijo a las Hermanas: “ Id todos los días a la Eucaristía, pero id con gran devoción, porque no es solo el sacerdote el que celebra, sino todos los asistentes. La  Eucaristía es el centro de la verdadera devoción.”

El Padre Griffin, Director General de la Compañía,  también dice en uno de sus escritos : “  Cada vez que vamos a hacer oración, o a la Eucaristía, debemos recordar las palabras que Jesús dirigió a  María Magdalena, después de la resurrección :  A QUIEN BUSCAS ? Necesitamos saber a quien buscamos, por qué lo buscamos, con quien nos vamos a encontrar, qué nos va a decir, que le vamos a decir nosotros etc. Una conversación con un extraño, no tiene la misma intensidad, que una conversación con un amigo” .NUESTRO MEJOR AMIGO, JESUS.

Nuestra celebraciones litúrgicas deben ser sobrias, sencillas, hechas con naturalidad y sencillez, pero al mismo  tiempo dinámicas y llenas de esa presencia amorosa de  Dios, de ese clima de Dios de que hablaba San Vicente.  Evitar que sean espectáculos, forklor , talvez muy artísticos, pero sin contenido espiritual.

Hijas de la Caridad

Provincia de Cali – Colombia En respuesta a la llamada de Dios en su tiempo, San Vicente y Santa Luisa fundaron la Compañía de las Hijas de la Caridad para servir a Jesucristo en la persona de los pobres con espíritu de humildad, sencillez y caridad.

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