Fundadores

El Concilio Vaticano II y la Iglesia hoy, en la persona del Papa Francisco, nos están insistiendo en la necesidad de una auténtica renovación; y para ello nos invitan a volver a las fuentes, para ver la inspiración creadora de los Fundadores.

Con este fin, en los últimos años, la Compañía se ha propuesto  descubrir cada día más a Santa Luisa, a quien se tuvo durante mucho tiempo, en la sombra. A Santa Luisa la podemos  estudiar y descubrir bajo diferentes facetas de su vida y de sus obras. Hoy la vamos a mirar como  FUNDADORA.

El término FUNDADOR, se puede entender en dos sentidos diferentes: El sentido  canónico y el sentido teológico.

En el sentido CANÓNICO, se considera Fundador a la persona que, con sus bienes contribuye a la fundación de una obra;  es por eso que San Vicente dice que, la Señora de Gondi, es  la fundadora de la Congregación de la  Misión porque fue ella la que proporcionó el dinero, para que San Vicente iniciara las Misiones en las aldeas.

En la Iglesia y en la sociedad hay muchas personas que han fundado obras con  su  dinero.

En el sentido TEOLÓGICO, Fundador es el que por una inspiración  especial de Dios, lleva a cabo la fundación de una familia religiosa. Es en cierta  manera  un instrumento del Espíritu Santo, para  hacer algo  grande en la Iglesia.  San Vicente y Santa Luisa  son Fundadores en el sentido teológico.

Un Fundador o Fundadora con un carisma particular, para que sea auténtico y obra de Dios, debe tener 4 rasgos característicos:

La inspiración Divina, la iniciativa debe venir de Dios. Esa inspiración es a veces directa y otras veces indirecta; es directa cuando Dios comunica una visión y es indirecta cuando viene de un acontecimiento o experiencia espiritual. No nos cabe duda que la inspiración que recibieron los Santos Fundadores, fue de una manera indirecta, por medio de acontecimientos: Folleville, Chatillón, Margarita Naseau etc.

Rasgo característico de todo Fundador es el de una visión particular de la vida de Cristo, que lo mueve a imitarlo. Todos los carismas están centrados en un aspecto particular de Jesucristo. En la Compañía esto lo tenemos muy claro: “Cristo evangelizador y servidor,” para con templarlo y servirlo en los pobres, como lo descubrió San Vicente en los Evangelio de San Lucas. Y de San Mateo .Esa es la finalidad de la Compañía, como la tenemos bien definida en las Constituciones.

Rasgo característico, tiene relación con la Iglesia. Los Carismas son dones de Dios a la Iglesia y para el servicio de la Iglesia, no son patrimonio único de una familia religiosa. Nuestros Fundadores vivieron a cabalidad esto, amaron profundamente a la Iglesia, tuvieron un gran respeto por la Jerarquía Eclesiástica, nos quisieron hijas de parroquia.

Aspecto característico, es que sea un Carisma que se irradie, que se contagie, que atraiga seguidores. Este aspecto lo vemos bien reflejado en la Compañía el carisma Vicentino se fue extendiendo. La Compaña se inició con 5 jóvenes, pronto fueron 12, luego 20 y así fue creciendo hasta llegar a ser una Compañía internacional. Todas sabemos además, que del Carisma de los Fundadores nació la GRAN FAMILIA VICENTINA., tan numerosa hoy en la Iglesia.

La Compañía nació el 29 de noviembre de 1633, gracias al dinamismo  y sagacidad de los Fundadores que, venciendo muchos obstáculos, quisieron una Compañía diferente a lo que hasta entonces existía en la Iglesia.  Después de la experiencia de unos años, obtuvo la aprobación tanto civil, como de la Iglesia.  En  esa fundación de la Cía, el espíritu fue el de San Vicente, pero la gestora, la organizadora, la que le puso las bases, la que le dio toda su estructura, fue Santa Luisa. Uno de los biógrafos dice, con sobrada razón: “ Las Hijas de la Caridad son, lo que quiso San Vicente, pero lo que hizo Santa Luisa”

El papel de Santa Luisa en la configuración de la Compañía fue decisivo, porque, no solo plasmó el espíritu  de la Compañía en esas primeras Hermanas, sino que también, con su visión del futuro y su tenacidad, logró cambios notables en ella, aún  oponiéndose en ocasiones a lo que pensaba San Vicente.  En eso mostró su fuerte personalidad y su independencia.  El estilo de vida Comunitario,, la organización, los reglamentos, la preparación de las Hermanas, todo fue obra de ella.  Por eso, con justa razón a Santa Luisa se le pueden aplicar todos los elementos teológicos y canónicos propios de una Fundadora. Ella no  es Co-fundadora, como la llaman algunos, ella es  FUNDADORA, exactamente como San Vicente.

 

Es absolutamente cierto que los  aportes  de Santa Luisa en la Compañía fueron tan importantes que, fácilmente podríamos poner en duda la fundación, si San Vicente no hubiera encontrado en su camino a esta mujer extraordinaria, una colaboradora excepcional, que se impregnó de su espíritu y que fue su brazo derecho en muchas de las obras  que llevó a cabo.  La actualidad de Santa Luisa la podemos deducir de la vitalidad que tiene la Compañía hoy, de su extensión y de su trabajo en bien de los pobres.

 

El  mensaje  de Santa Luisa está vivo,  su espiritualidad sigue atrayendo, a tal punto que ahora se la conoce mejor en la Iglesia. Hoy Santa Luisa ha dejado de ser  un eco de la voz de San Vicente, para convertirse en una voz profética para el mundo. Claro que esto es cierto, pero tenemos que tomar conciencia nosotras, de que todavía no hemos acabado de conocerla, tenemos que sacarla de la sombra, penetrarnos más de su doctrina y dejar que continúe hablándonos .El estudio de sus cartas, que hemos hecho estos días, nos lo confirman.

 

Lo que le debemos a Santa Luisa, los logros que tuvo la Compañía,  fueron muchos, gracias a su visión  sobrenatural, a su tenacidad, a la visión del futuro.  Veamos algunos de esos logros:

  1. Fue Ella, la que gestó la Compañía en su corazón, desde la iluminación de Pentecostés; ese día la Compañía nació en su corazón.
  2. Fue Santa Luisa la que percibió la necesidad de reunir esas jóvenes, para formarlas y para que pudieran perseverar en su vocación.
  3. Fue ella la que, bajo la dirección de San Vicente, le dio forma  y estructura a la Cía.
  4. Ella percibió claramente la Voluntad de Dios, que la llamaba a formar con esas jóvenes la Compañía, forzando en cierta manera la voluntad de San Vicente.
  5. Ella comprendió claramente que el seguimiento de Cristo requiere un compromiso estable, sostenido por una Consagración.
  6. Fue Santa Luisa y nadie más, las que vio la necesidad de que la Compañía tuviera una dirección unificada y por eso defendió con tenacidad, la dependencia de Sn Vicente.
  7. Ella, ya segura de la Voluntad de Dios aceptó responsabilizarse de ese pequeño grupo de jóvenes y a ellas les dedicó sus últimos 27 años.
  8. No solamente las formó, las seguía paso a paso, las animaba y acompañaba en sus dificultades y en su trabajo con los pobres.
  9. El nombre de Hijas de la Caridad lo debemos a ella, porque el primer decreto de aprobación, decía” Sirvientas de los pobres de la caridad”. Ella se opuso a ese nombre.
  10. Ella,  consagró la Compañía a la Santísima Virgen en Chartres declarándola la UNICA MADRE DE LA COMPAÑIA.-

Todo esto exigía de Santa Luisa una actividad asombrosa, la formación no era fácil porque  las primeras Hermanas eran jóvenes ignorantes  aunque con buena voluntad. Santa Luisa fue una verdadera madre para ellas, fue el alma, el motor, una auténtica educadora. Ella era la que vivía con las Hermanas, la que las conocía, la que hacía los reglamentos etc. Era una mujer profundamente espiritual, pero al mismo tiempo de una actividad y capacidad de trabajo asombrosos.  Lo vemos en la forma como organizó  el trabajo con los niños expósitos, con los galeotes, con los ancianos en el Hospital del nombre de Jesús etc. Los viajes que hizo para visitar a las Hermanas eran largos y penosos, tanto por el invierno, el verano fuerte y los medios de transporte, como por los lugares donde tenía que hospedarse.

 

Nada la detenía, ni el cansancio, ni su frágil salud, ni los problemas; el ardor que la  impulsaba le ayudaba a superarlo todo; estaba convencida de su Vocación de entrega y de caridad; y en esa entrega, puso al servicio de las Hermanas y de los pobres, toda su rica personalidad y sus virtudes. Todo este trabajo lo pudo realizar gracias a su constante  unión con Dios, a San Vicente en el cual se apoyaba y también a su fuerte personalidad.(Sor Lilia Garcia Isaza)

En la casa de los Misioneros en Dax, hay un cuadro de San Vicente, en el que  aparece ya viejo contemplando una cruz; los ojos de San Vicente están concentrados en el Crucifijo y hay como una luz que se desprende de la cruz y que, en cierta forma, transfigura el rostro de San Vicente.  Pienso que este  cuadro nos da la clave para conocer  la personalidad de nuestro Santo Fundador.

San Vicente fue un creyente, un hombre de una fe y unas espiritualidades fuertemente centradas en Jesucristo encarnado en la historia de la humanidad.  A lo largo de la historia San Vicente fue acumulando muchos títulos que le dieron, la Iglesia, las autoridades y el mismo pueblo, por ejemplo: “Padre de los pobres, Padre de la patria,  Apóstol de la caridad. Misionero, Formador del claro. Reformador de la Iglesia, Fundador. Precursor de las obras sociales, Patrono de las obras de  caridad  etc. “El secreto de toda esta irradiación de San Vicente, lo tenemos qué buscar, no en su inteligencia, sino en su santidad.

Cada mañana se lo encontraba abismado en su oración que prolongaba después de haber rezado el Oficio con sus hermanos. Durante las jornadas con frecuencia se le veía en la capilla de rodillas, bien orando, bien leyendo una carta, bien  visitando al Señor antes de salir o al regresar.. En las tardes  lo encontraban rezando su Rosario.. Celebraba la Eucaristía todos los días, lo que no era frecuente en su época y se confesaba cada semana.; meditaba el evangelio y lo compartía con sus hermanos etc.

Cuando uno  lee sus escritos  se admira de ver como hay en él una especie de muletilla que en cierta manera expresa sus sentimientos, por ejemplo:  Oh Salvador. Oh mi buen Jesús. Oh Dios de mi corazón. Oh Salvador de nuestras almas. MI Señor y mi Dios etc. Ese estilo de Jaculatorias diarias muestra a las claras la profundidad de su unión con Dios. El Padre Bremont, hablando de San Vicente dice:”  No fue el amor a los hombres lo que lo condujo a Dios, sino el  amor a Dios el que lo condujo a los pobres. Si vemos en San Vicente  más un filántropo que un místico, si no vemos su  vida espiritual, estamos viendo a un Vicente que no existió.”

San Vicente perteneció a esa línea espiritual  marcada por el Cardenal Pedro de Berulle, que centró  toda su espiritualidad en la persona  de Jesucristo el enviado del Padre, un Cristo encarnado en la historia de la humanidad. Fue así como  se fue identificando con Cristo y centrando su espiritualidad en  El como evangelizador y servidor.

Esa espiritualidad  de San Vicente no la podemos disociar  de su persona y de su medio ambiente, por eso miremos siquiera a vuelo de pájaro su recorrido: Una infancia rural marcada por una profunda fe y una  rata percepción hacia el Sacerdocio, más como una oportunidad de ascenso que como una moción.

  1. Una infancia rural, con una educación cristiana recibida de sus padres.
  2. Un Sacerdocio ,más por conveniencia que por vocación.
  3. Una vida marcada por viajes y aventuras, hasta llegar a París en 1608.
  4. Pruebas diferentes, acusación de un robo y tentación contra la fe.
  5. Encuentro con el Padre de Berulle y San Francisco de Sales. Luego con Luisa de Marillac.
  6. Dos grandes experiencias con los pobres, Folleville y Chatillón, donde nacieron la Congregación de la Misión y las Cofradías de la Caridad.

Es a partir de todas estas experiencias cuando San Vicente se lanza a organizar obras e instituciones en beneficio de los pobres. En lo relacionado con Folleville, todo lo que concierne a la misión evangelizadora: La Congregación de la Misión, las Conferencias de lo martes, los seminarios, los retiros de los ordenandos, las misiones en los campos etc.  En lo tocante a Chatillón todo lo que tiene relación con el servicio: Las Cofradías de la Caridad, Las Hijas de la Caridad,  los niños expósitos,  la asistencia  en las regiones devastadas por la guerra etc. Es a través de todas estas experiencias donde San Vicente centra los puntos claves  de su espiritualidad. Una máxima que brotaba continuamente de sus labios era: NO ME BASTA AMAR A DIOS SI MI PROJIMO NO LO AMA. (Sor Lilia Garcia Isaza)

Hijas de la Caridad

Provincia de Cali – Colombia En respuesta a la llamada de Dios en su tiempo, San Vicente y Santa Luisa fundaron la Compañía de las Hijas de la Caridad para servir a Jesucristo en la persona de los pobres con espíritu de humildad, sencillez y caridad.

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