El Escapulario de la Pasión.

E l siglo XIX marca una historia en la Compañía de las Hijas de la Caridad que, después de haber vivido los horrores de la revolución francesa, en la que tuvieron que dispersarse, fueron bendecidas por Dios con manifestaciones extraordinarias del cielo Uno de esos acontecimientos fue la revelación del Escapulario de la Pasión a Sor Apolina.

Luisa Apolina Andriveau, nació en Pourcain (Francia) el 7 de mayo de 1810; desde muy niña mostró una gran inclinación a la piedad y a la obediencia, como también mucha sensibilidad ante las necesidades de los pobres. En su hogar recibió una buena educación, aprendió varios idiomas, música y pintura; no había terminado sus estudios cuando murió su madre, entonces la llevaron interna al Convento de Santa Isabel, donde pasó 2 años.

¿Cuándo, y en qué forma recibió la llamada de Dios?  Es un secreto que ella nunca reveló.  Lo que sabemos es que entró en la Compañía de las Hijas de la Caridad, el 15 de octubre de 1833 a la edad de 23 años.

Al terminar su formación en el Seminario, fue enviada a Troyes a una Casa de caridad, allí trabajó por espacio de 38 años; primero la encargaron de la enseñanza y tuvo sobre sus alumnas una gran influencia sobre todo en su formación cristiana, luego a causa de su salud la cambiaron de oficio y le confiaron la Capilla y la visita domiciliaria.

El 26 de julio de 1846 recibió la primera manifestación del Señor; ella misma hizo el relato en estos términos: “ Yo estaba orando en la Capilla antes de la bendición con el Santísimo, y me pareció ver a Nuestro Señor vestido de larga túnica encarnada y con un manto azul, tenía en su mano derecha un escapulario rojo suspendido por una cinta del mismo color, sobre uno de los extremos se veía la figura de un Crucifijo y al pie, los instrumentos de la Pasión de Cristo, alrededor del Crucifijo había esta inscripción “Santa Pasión de Nuestro Señor Jesucristo salvadnos”

En el otro extremo de la cinta estaban representados los dos corazones de Jesús y de María; el primero rodeado de espinas y el segundo atravesado por una espada. Entre los dos corazones una cruz y alrededor esta inscripción: “Sagrados corazones de Jesús y de María protegednos”.

Otro domingo por la tarde, yo estaba haciendo el Viacrucis y al orar la décima estación, me pareció que la Santísima Virgen ponía en mis manos el cuerpo Sagrado de Cristo y me decía: “El mundo se pierde, porque no piensa en la pasión de Cristo, haz cuanto puedas para salvarlo.” Yo creo dice Sor Apolina que la pasión de Cristo es el medio más eficaz para convertir a los pecadores y para reanimar la fe de los justos.

La aparición del Señor con el escapulario en la mano, se repitió varias veces, una de ellas fue el día de la Exaltación de la Santa Cruz en 1846, con la particularidad de que Sor Apolina oyó del Señor las siguientes palabras: “Los que lleven este escapulario recibirán todos los viernes, la remisión de sus pecados y un aumento de fe, de esperanza y de caridad.”

En 1847 Sor Apolina comunicó todo esto a su Director espiritual. Al mismo tiempo escribió al Padre Etienne Superior General de la Congregación de la Misión, para confiarle su secreto. Luego de mucha reflexión el Padre Etienne se decidió   viajar a Roma para comunicar al Santo Padre Pío IX estas revelaciones.  El 25 de junio el Papa, después de un cuidadoso estudio, dictó un Decreto aprobando el escapulario y dando facultades a los miembros de la Congregación de la Misión para bendecirlo propagarlo.

A su regreso de Roma el Padre Etienne comunicó a sus Misioneros y a las Hijas de la Caridad, los favores obtenidos de la Santa Sede y publicó un folleto con extractos de las cartas que Sor Apolina le había escrito y en las que cuenta esas apariciones; pero en el folleto no reveló el nombre de Sor Apolina, que permaneció en la sombra.

Rápidamente el escapulario se conoció y despertó admiración y entusiasmo en los fieles que empezaron a pedirlo. Sor Apolina se regocijaba de ver cumplido el deseo de Nuestro Señor, pero se cuidaba muy bien para mantenerse en la sombra y el silencio.

En mayo, después de un fecundo y largo apostolado en Troyes, recibió su cambio; con inmenso dolor dejó a los pobres, a sus compañeras y sobre todo a esa Capilla en donde había recibido tantas gracias.  Fue enviada a Caen en donde pasó otros 14 años irradiando paz y bondad. Allí en su nueva casa continuó recibiendo favores del cielo.

En el año 1887, ya con su salud muy quebrantada fue enviada a Montolieu, a una casa de Hermanas mayores.  Allí pasó el resto de su vida, una vida que se puede resumir en tres palabras:  Oración.  Sufrimiento. Edificación.  En mayo de 1894 la veían muy agotada y declinando, día a día. En los primeros días del mes de febrero de 1895 una Hermana le dijo: “Sor Apolina ya hemos comenzado el año y ya ve como la vida va pasando y sigue como antes; ella miró fijamente a la compañera y le contestó: “Este mes de febrero todavía no ha terminado, esté segura que nunca la olvidaré”.  Parecía que ya presentía su muerte.

El 23 de febrero de 1895 sin agonía, entregó plácidamente su alma al Señor, a la edad de 85 años

El Escapulario Rojo o de la Pasión, por medio del cual honramos el Corazón de Cristo, pero inseparablemente unido al Corazón de María, es un instrumento que nos lleva a pensar en esa sangre de Cristo con la cual nos rescató del pecado, a pensar también con frecuencia en los sufrimientos de su pasión, esa pasión que hoy continúa en un mundo pecador y también en el su frimiento de los pobres.

La Santa Sede le ha concedido varias indulgencias, entre ellas:

Indulgencia plenaria el día de la recepción. Indulgencia plenaria a la hora de la muerte. Indulgencias todos los viernes, con las condiciones requeridas confesión, comunión y meditación sobre los Misterios de la Pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo.

Este regalo de cielo a una Hija de la Caridad y por tanto a la Compañía, se une al de la Medalla Milagrosa a Santa Catalina en el año 1830, y al del Escapulario verde   o de la Inmaculada, a Sor Apolina Andriveau en 1840.   Son regalos de Dios, que tenemos que agradecer, pero sin olvidar que implican una gran responsabilidad para nosotras, que tenemos que utilizarlos como medios que Dios pone en nuestras manos para el trabajo de evangelización en medio de los pobres.

Sor Lilia García

Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl

Provincia de Cali Colombia

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